Simon Manley es un hombre muy británico. Para ser embajador en España, tal vez demasiado. Su castellano, más allá del terrible acento inglés, no es muy bueno, lo cual puede suponer un pequeño incordio cuando tienes que defender las bondades del brexit ante un auditorio de férreos europeístas. Pero Manley está de suerte. A su lado, un prototipo de dandi valenciano ha empezado el discurso que el embajador necesita. Entre épico y romántico, nos recuerda que el ser humano està llamado a sorprenderse, a ensanchar horizontes. Nuestras seguridades son pasajeras, dice; no dependamos de ellas. Cada cambio nos da acceso a una dimensión más grande y más hermosa. “Todo pasa y todo queda”, remata Juan Valero de Palma con los versos de Machado. Si eso es el brexit, me llevo diez.

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