Viaje (Alexandros Panagoulis)

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Hablar de Alekos es un todo un reto. No solo por el inmenso respeto que le tengo y lo complejo de su personalidad, también porque Oriana Fallaci ya lo hizo de manera inmejorable. El libro en cuestión se llama Un hombre y es un penetrante retrato no solo de Panagoulis, sino del ser humano. El revolucionario, el funcionario, el dictador, el torturador, el pueblo… Todos ellos desgranados sin piedad por la periodista que se pasó medio siglo XX viajando de guerra en guerra e imperio en imperio entrevistando a estos actores. Todo para intentar comprender la farsa mundial y quién mueve los hilos, si es que hay un quién.

De ese esfuerzo de comprensión nació Entrevista con la historia, un compendio de entrevistas a personajes influyentes del siglo XX en el que Fallaci intenta dar respuesta a ese quién. La última de todas es la de Alexandros Panagoulis (o Alekos). Se la realizó el mismo día de 1973 en que salía de la cárcel, día en el que también empezaron una relación sentimental que duró hasta el asesinato de Alekos. Este hombre había atentado contra Papadopulos, el dictador griego, en 1968. La bomba falló, el tirano sobrevivió y él acabó en la cárcel, sometido a torturas desde el primer día. También recibió una condena a muerte que nunca llegó a ejecutarse.

Oriana y Alekos en la entrevista, el día de su liberación.

Durante la Odisea carcelaria Alekos aguantó innumerables torturas, siempre sin delatar a sus aliados  y atacando a sus agresores a la mínima oportunidad, física y psicológicamente. Resulta hasta cómica la relación que desarrolló con el alcaide de la prisión de Boiati, donde le encerraron en una celda de aislamiento. Solía usar la huelga de hambre como método de presión para realizar exigencias, desde que le quitaran las esposas hasta otras cosas destinadas a minar la salud mental de Zakarakis, el alcaide. Transcribo un ejemplo que aparece en Un hombre:

“-Come   -No  –¿Qué quieres?  -Mis zapatos  –Aquí están tus zapatos. ¿Comes ahora?  -No  –¡¿Qué otra cosa quieres?!  -Quiero bañarme porque huelo mal y tengo piojos. Como tu, Zakarakis.  –¡Yo no huelo mal! ¡Yo no tengo piojos!  -Sí que los tienes. Tienes uno que pesa noventa kilos. Eres tú.  –¡Yo te mato!  -Y acabarás ante un consejo de guerra por asesinato. Ya te lo ha dicho Ioannidis” (era el jefe de la ESA, el centro de detenciones y torturas)

La escena sigue después de que le rapen la cabeza. Alekos insiste en que no solo en la cabeza viven los piojos y exige que le rapen alrededor de los cojones. El alcaide acaba cediendo y manda a un soldado a hacerlo, pero por supuesto, Alekos quiere que lo haga él mismo. Sobre este modo de actuar, que bien pensado parece básico para sobrevivir en esas condiciones, Fallaci escribió lo siguiente:

“[…] el verdadero hérore no se rinde nunca. De los demás no le distingue el gran gesto inicial o la fiereza con que afronta las torturas y la muerte, sino la constania con que se repite, la paciencia con que sufre  y reacciona, el orgullo con que esconde sus padecimientos y los escupe a la cara de quien se los impone. Su secreto es no resignarse, no considerarse víctima, no mostrar a los demás tristeza o desesperación. Y, si se da el caso, recurrir al arma de la ironía y del sarcasmo, claros aliados de un hombre encadenado”.

Pero se supone que esta sección es de poesía, y aunque hay infinita poesía en lo contado hasta ahora, lo importante es la que escribió Alekos. No solo conservó la salud mental robándosela a sus torturadores, también lo hizo escribiendo poemas. Se las ingeniaba como podía para hacerlo porque Zakarakis le solía secuestrar el papel y el lápiz (además de otras cosas como los zapatos, como ya hemos visto). Este poema sin título es un ejemplo:

Una cerilla por pluma

sangre derramada en el suelo como tinta,

como papel la envoltura de una venda olvidada

pero ¿qué escribo?,

tal vez no tenga tiempo más que para mi dirección

¡qué raro!, la tinta se ha coagulado,

os escribo desde una cárcel

de Grecia.

Parece que sus libros no han sido traducidos al castellano (sí que los he encontrado en griego, italiano e inglés). Los pocos poemas traducidos son los que aparecen a lo largo de Un hombre, y aun así ha sido difícil decidir cuál destacar. Tal vez lo más justo es presentar Viaje, del que el propio Alekos dijo que era su poema favorito:

Viaje

Viajo por aguas desconocidas en una nave
semejante a millones de otras naves
que vagan por océanos y mares,
siguiendo rutas y ateniéndose a horarios perfectos.
Y muchas más,
también muchas más
amarradas en los puertos.
Durante años he cargado esta nave
con todo lo que me daban
y que yo tomaba con gozo sin límites.
Luego,
lo recuerdo como si fuera hoy,
la pintaba con colores radiantes
y permanecía atento
para que en ningún lugar cayera una mancha.
La quería bella para mi viaje.
Y después de haber esperado tanto, tanto
llegó por fin la hora de zarpar.
Y zarpé.
El tiempo pasaba y yo
comenzaba a trazar la ruta,
pero no como me dijeron en el puerto,
pues la nave me parecía distinta entonces.
Así mi viaje
ahora lo veo diferente.
Sin ansia de atraques ni de comercios,
la carga me parecía inútil.
Pero continuaba viajando,
conociendo el valor de la nave,
conociendo el valor que transportaba…

Me parece un poema simple y precioso. Él es la nave, el viaje es la vida. La ruta, la única posible.

Su Odisea continuó al salir de la cárcel, cojo y demacrado por tantos años de maltratos. El relato de esos años es más interesante si cabe. Alekos luchó por la caída de la dictadura y una vez cayó, siguió luchando por desenmascarar el sistema ‘democrático’ que esta había parido. Era esa clase de individuos que están en guerra con todo y con todos, solo interesados en perseguir un extraño horizonte que llaman libertad. Si es real o solo un espejismo, no importa. Importa la certeza de que en ocasiones solo hay un modo digno de actuar. Puede que más que una certeza sea un impulso irrenunciable de humanismo, pero lo cierto es que para individuos como Alekos, es lo único sagrado. El resto, como ya he dicho, no importa. Las torturas, la soledad, el ostracismo político, el sentimiento de insignificancia, morir en un falso accidente de coche… Nada de eso importa.

Podría escribir durante horas de esta persona, pero para repetir de manera mediocre todo lo que se ha dicho en Un hombre, hago mejor en recomendároslo. Como primer acercamiento a su figura está la posibilidad de acudir a la entrevista que mencioné, ya que es mucho más breve. Si os interesa cualquiera de los dos, me podéis contactar para que os haga poseedores de una copia digital de dudosa legalidad. Es lo que Alekos hubiera querido.

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2 comentarios en “Viaje (Alexandros Panagoulis)”

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