El precio de un click

La curiosidad siempre ha sido uno de los grandes acervos del ser humano, probablemente el más importante. La curiosidad, en sus múltiples formas, nos llevó a manipular el fuego, a diseñar la rueda o a escribir sobre el papel. La curiosidad nos permitió pensar el círculo y el cuadrado, nos bajó las estrellas y nos acercó los átomos. Pero no siempre fue benévola: la curiosidad arrancó los ojos a Edipo, despojó a Orfeo de su amada y, por si fuera poco, también mató al gato. En estos tiempos digitales, la curiosidad más ingrata ha adoptado una nueva forma. La del click.

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La capacidad de estimular nuestra curiosidad, de llamar la atención, ha sido siempre un atributo esencial de la noticia. Lo cual es lógico, pues de nada sirve lo que escribes si no consigues que alguien lo lea. El problema es que en los últimos años han emergido de las tinieblas una serie de medios especializados en generar contenido cuya única virtud es ser llamativo. Basura infecta aderezada con colorines y fuegos artificiales para que sea tan sugerente que acabes haciendo click. ¿Pero cuál es el precio de ese click?

Para ti, el precio són unos minutos de tu tiempo y puede que alguna neurona perdida por el camino. Nada demasiado grave. Para el medio en cuestión, tu click significa unos pocos céntimos en sus arcas gracias a la publicidad de la página. Si aplicamos el efecto multiplicador, teniendo en cuenta que muchas otras personas habrán hecho click, la suma va creciendo hasta alcanzar cuotas nada despreciables.

Para el resto de medios, esos que están hartos de que sus caras investigaciones sobre asuntos importantes atraigan una audiencia muy modesta, tu click es una oportunidad perdida. Y por supuesto, es también una lección. La lección de que poner a sus redactores a escribir gilipolleces sin interés alguno es mucho más rentable que hacer un trabajo útil y necesario para la sociedad. Así que no nos engañemos, si hacemos las cuentas veremos que el precio de un click es el periodismo.

Cada click es un nuevo clavo en el ataúd del periodismo, del buen periodismo. Y como con tantos sinsentidos en el mundo, parece que nadie está en disposición de frenar esta dinámica. Los medios se justifican diciendo que dan el contenido que el público lee y el público se justifica diciendo que lee el contenido que le dan. Sin embargo, lo que este periodismo acosado necesita son periodistas y lectores militantes, dispuestos a tomar partido y asumir su parte de responsabilidad. Así que la próxima vez que veas una de esas noticias que busca tu click de manera tan evidente que hasta resulta insultante, toma aire, cuenta hasta diez, y entonces sigue con tu vida. Pero por más que te mate la curiosidad, por favor, no hagas click.

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