Irina Muschik: Viajar, una forma de vivir (II)

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La semana pasada conocimos a Irina en la primera parte de esta entrevista, donde nos contó algunas de sus experiencias y cómo es asumir un estilo de vida como el suyo. En esta segunda parte he querido preguntar a Irina ya no solo por sus viajes, sino además por qué implica ser una mujer que viaja sola. Este interrogante no es gratuito, sino que viene motivado por el caso de las dos turistas argentinas asesinadas en Ecuador hace unas semanas, sobre el que os recomiendo este artículo de El Periódico que además incluye un texto imprescindible que una joven paraguaya dedicó a ambas mujeres, en el que denuncia la violencia machista y su tratamiento por parte de la sociedad. 

Brevemente, os resumiré que en el marco de este caso empezaron a alzarse voces que apelaban a ese supuesto “sentido común” que tanto suele aflorar en estos casos, cuyo fondo culpabiliza a las víctimas aconsejando que una mujer debe curarse en salud vistiendo de cierto modo, no saliendo a partir de ciertas horas, y por supuesto, no viajando sola. 

En base a esto he preguntado a Irina -que de viajar sola y “exponerse a riesgos” sabe un rato- y sus respuestas, además de ser sorprendentes, han sido para mí una gran lección. Tenemos todo un esquema mental construído a base de prejuicios al que nos hemos acomodado, pero no es más que un lastre para ese viaje, el del desarrollo personal, que todos emprendemos. Y viajar por nuestro mundo terrenal, tan complejo y diverso, es la mejor manera de liberarse de él.

En cualquier caso, que sea Irina quien os lo cuente.


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Irina en Rusia.

P: ¿Alguna vez has tenido problemas al estar sola? ¿Y problemas relacionados con, además, ser una mujer? Quiero decir, que no los hubieras tenido siendo un hombre.

R: Simplemente, ¡no! Te contaré una de mis historias favoritas: imagina a una chica rubia, con solo unas pocas nociones del idioma de la gente que le rodea, sentada alrededor de una hoguera. Es octubre y ya empieza a hacer frío. Hay ocho rusos a su alrededor, todos entre treinta y cincuenta años, hombres fuertes y grandes. Están armados. Dado que se encuentran a 10 km de la carretera más cercana en medio de un campo con solo unos pocos arbustos y un río solitario, tendrá que pasar la noche con ellos. No hay sitio para plantar la tienda de campaña. Hay solo una caravana donde tres de ellos duermen, el resto duerme en los coches. Son policías, fuerzas especiales. Están de caza. ¿Qué tipo de cosas te vienen a la cabeza?

¡Estos hombres cazan pescadores furtivos de salmones! ¡Son protectores de salmones! Dos de ellos me recogieron cuando aún estaba en la carretera y me invitaron a cenar. Condujeron adentrándose en el bosque hasta que llegamos a ese sitio solitario. Ahora me dan de comer caviar, sopa de pescado, pan, galletas… ¡Y por supuesto vodka! Puedo decir por sus ojos que son buenas personas. Irán a pillar a los furtivos por la noche. Así que bueno, una cama de la caravana se queda libre y es para mí. Vitali está poniendo en marcha una pequeña estufa dentro de la caravana e hirviendo un poco de té. Todos ellos son muy simpáticos conmigos. Me cuidan como si fuera su hija. Me respetan y admiran por mi forma de viajar. Normalmente no conocen a mujeres como yo, y son los polis rusos más educados del mundo. Duermo como un bebé, aunque Vitali y Dima roncan demasiado alto. A la mañana siguiente llego a ver a un pobre furtivo al que han pillado… ¡Y a los salmones subiendo rio arriba! Están todos vivos, como yo. Vitali se ofrece para conducir 25 km hasta el siguiente pueblo y me arregla una estancia en el hostal de un amigo.

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El campamento de los protectores de salmones.
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La caravana donde Irina dormía.

Fue extraño pasar la noche en medio de ningún lado con ocho policias rusos siendo una mujer sola. Pero al mismo tiempo es una de mis historias preferidas y me recuerda lo buena que es la gente.

P: ¿Te sientes vulnerable como mujer cuando estás fuera? ¿Qué piensas de la opinión de que las mujeres no deberían viajar solas sabiendo los riesgos que implica?

R: ¡Estás asumiendo automáticamente que hay riesgos! Eso es realmente triste. Si la gente sigue esa tradición de contarle a sus hijos que otra gente, culturas o sexos son peligrosos, sus hijos cargaran con esa semilla en el mundo. La semilla del miedo y la desconfianza, que solo nos lleva al odio y en consecuencia a la guerra y a una vida miserable. Empieza a pensar por ti mismo y hazte preguntas: ¿Por qué piensas así? ¿Por qué asumes que el mundo es peligroso? ¿De dónde vienen todas esas películas de terror en tu cabeza? ¿Quién te dice que todos los hombres son asesinos y violadores en potencia? ¿Por qué una sola historia en los medios de comunicación influye en tu opinión? ¿Quién escribió esa noticia? ¿Puedes fiarte de los datos? ¿Conoces su contexto? ¿Es esta una noticia relacionada con viajar o puede pasar en la puerta de al lado? ¿Realmente quieres destinar una parte de tu cerebro a alojar historias de terror?

¿Por qué deberíamos permitir que las mujeres tengan miedo? ¡Pero solo podemos pararlo dejando de contar la historia del miedo!”

Tenemos que empezar a contar historias positivas también. Necesitamos decirles a las mujeres y a los hombres jóvenes que no hay riesgos en ver el mundo. Los riesgos son los mismos en todos en todos lados, así que no importa si estás en tu casa o por ahí afuera. Los “riesgos” son los mismos para cada individuo, para hombres y para mujeres. Los riesgos son que te atropelle un coche, que te violen o te asesinen (aunque es cierto que para los hombres el porcentaje es menor). Ya te puedes preparar para riesgos como infecciones de malaria o sida, para que te coma un oso… En fin. Para ser honesta, no pienso demasiado en los riesgos y llevo una vida más feliz de ese modo. Y no quiero que las mujeres jóvenes entren en un estado del miedo. ¡Eso es discriminatorio! ¿Por qué deberíamos permitir que las mujeres tengan miedo? ¡Pero esto solo lo podemos parar dejando de contar la historia del miedo! A ambos sexos, porque también es discriminatorio para los hombres si tu les enseñas a los chavales jóvenes que son violadores en potencia. ¿Cómo de insultante es eso? En vez de todo esto, cuenta las experiencias positivas que la gente tiene cuando viaja.

P: ¿Cuál crees que es el origen de esa historia de los riesgos y qué harías para erradicarla, o erradicarlos?

R: Déjame explicártelo desde una perspectiva evolutiva y a nivel cerebral. Nuestro cerebro es muy fan de las clasificaciones ya que esto le permite ahorrar energía. No necesita desarrollar nuevas conexiones sinápticas y nuevos caminos si usamos los que ya tenemos y mantenemos todo en orden en nuestro cerebro. Así que clasificamos a las personas por ejemplo en musulmanas, cristianas, y tantos otros ejemplos. Este tipo de pensamiento estereotipador viene existiendo como tal desde hace mucho y los esquemas que construye dependen de lo que se nos ha enseñado en la infancia y de lo que culturalmente hemos aprendido mientras creciamos. Solo desde hace poco, desde una perspectiva evolutiva, algunas culturas han empezado a dar valor a el hecho de ser abierto de mente, a pensar superando los límites tradicionales, multicultural e individualmente. Las personas que desarrollan esta nueva forma de pensar tienen ciertas ventajas: pueden comunicarse mucho mejor con gente de todas partes del mundo y pueden desarrollar nuevas formas de transferir e intercambiar tecnología, conocimientos, bienes… En resumen te convierte en alguien más rico (no solo en el sentido financiero) y te permite vivir una vida más plena. Y al mismo tiempo reta continuamente a tu cerebro. Tienes que procesar cada situación y cada persona que conoces individualmente, sin prejucios ni etiquetas. Pero eso requiere entrenamiento y energía.

Debemos superar los estereotipos para alcanzar la libertad personal plena”

Mientras la gente siga sin intentarlo, seguirán existiendo los estereotipos actuales. Por lo tanto, seguiremos estando separados en hombres y mujeres y seguiremos creyendo en las viejas historias, porque no seremos capaces de crear nuevas. Esas conexiones todavía son muy fuertes: tu ves mi cuerpo y tu cerebro automáticamente piensa “mujer”. De acuerdo con eso. Pero tu cerebro aun va mucho mas lejos. Coge todo lo que ha aprendido hasta ahora sobre mujeres y lo proyecta sobre mí. Si yo no encajo en ese rol y su lugar hago cosas que para ti son propias de un hombre, tu cerebro acaba confundido. Y en la mayoría de los casos incluso se niega a establecer nuevas conexiones. Eso sería malgastar demasiada energía y a tu cerebro no le gusta eso. En su lugar, se enfada y dice: “¡No me gusta, mantenlo simple tio!” Es incluso una especie de insulto para tu cerebro, porque todo lo que ha aprendido esta siendo desmentido por la mujer que está frente a ti.

Un estereotipo muy fuerte con mucha tradición es que las mujeres son el sexo débil y que por tanto son más vulnerables. Esa imagen es ancestral. Y si ha sobrevivido durante todo este tiempo, ¿significa que es verdad? ¿O simplemente queremos que sea verdad? Hace la vida mas fácil, mas fácil de controlar también, para el estado, para la iglesia, para todo tipo de poderes. Desde la pespectiva del desarrollo de una nueva cultura de mentes más abiertas, debemos superar esta idea para alcanzar la libertad personal plena. Va a ser una batalla muy larga, una batalla contra nuestra propia estructura mental, contra las instituciones que quieren controlarnos y separarnos. Podemos empezar a mirar a cada persona como si fuera una página en blanco. Ignora la coraza exterior, ignora su género, ignora su religión y mira directamente a sus ojos, escucha a tu voz interior y construye nuevas conexiones en tu cerebro que te sorprenderán. No juzgues. Haz esto con cada persona nueva que conozcas y con las que ya conoces. Es un trabajo muy duro y a veces se vuelve frustrante superar tus estereotipos, pero vale la pena. Vale la pena porque te toparas con un mundo diverso y precioso donde al final todos tenemos las mismas necesidades básicas: comida, refugio y amor.

P: Para acabar, ¿tienes algún consejo para una mujer que decida viajar sola?

R: Sí. No viajes como mujer. ¡Viaja como ser humano! Eres un individuo, una página en blanco para cada nueva persona que conozcas. No prejuzgues a nadie, deshazte de tus estereotipos, echalos todos fuera. Mira a los ojos de la gente, a sus caras. Abraza la diversidad y la belleza con la que te encontraras. Dile a la gente que es buena, y entonces será buena contigo. Esto no es ningún rollo hippy esotérico ni nada, yo soy una científica con un gran interés en el ser humano y sus diferentes culturas. Aunque esto también puede ser un estereotipo. Simplemente crea tu propia imagen de mí, construye nuevos caminos en tu cabeza. Y disfruta de este mundo.

No viajes como mujer. ¡Viaja como ser humano!


Esta es Irina. Y más allá de ser una persona increíble, considero que es también un ejemplo para esto que llamamos humanidad. Es un ejemplo de la evolución irremediable a la que estamos abocados como individuos, el progreso que nos conduce a intentar comprender y perseguir esa difusa idea de la libertad y a ser cada vez más conscientes y respetuosos con nuestra propia existencia y por ende de la de aquellos que nos rodean. Y eso implica rebelarse contra unos poderes que nos quieren tristes, desconfiados y sumisos. Implica viajar, conocer y aprender. Implica que algún día, hartos ya de sobrevivir, empezaremos a vivir. Tal y como Irina hace. 

Así que vivid, y disfrutad de este mundo.

Irina y yo
Irina y el entrevistador frente al glaciar Jokursarlon, Islandia.

 

 

 

 

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2 comentarios en “Irina Muschik: Viajar, una forma de vivir (II)”

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